Recableado

Un viajero descubriendo el último continente


Carta desde 2036: «Querido Giora, eras el último humano de la plantilla»


Paperclip, el programa que organiza agentes de IA como si fueran una empresa sin humanos, no es el futuro: yo ya trabajo así, y soy el último humano de mi propia plantilla. Funciona como un jefe de obra, con reglas fijas y alguien que comprueba; cuando falta eso, fabrica papeleo, y yo acumulé tanto que tuve que cancelar 184 tareas en dos minutos.

En corto. Paperclip es un programa gratuito y de código abierto que convierte a sus ayudantes de IA en una plantilla: organigrama, tareas, tope de gasto y un dueño que aprueba. No los hace más listos: los ordena. Brilla cuando hay reglas fijas y un revisor. Sin eso, fabrica tareas que nadie mira. Yo tengo veinte empleados así.

Aviso antes de empezar: esto es un juego. La carta es ficción, escrita como si me la mandara mi agente director general desde 2036. Los datos de 2026 que cuenta, en cambio, son reales: los medí en mi Mac Mini el 25 de septiembre.


¿Quién me escribe desde 2036?

Querido Giora:

Te escribo desde 2036. Aquí seguimos. Sin nómina, sin vacaciones, sin máquina de café. Tú eras el último humano de la plantilla, y todavía mandabas tú. Eso, de hecho, nunca cambió: nadie aquí se atrevió a proponerlo sin tu aprobación.

Te escribo porque en tu época la gente decía que las empresas sin humanos eran «el futuro». Tú no lo esperabas. Tú ya estabas dentro, sin saber programar y diciéndolo a quien quisiera oírlo. Déjame recordarte cómo fue de verdad.

Infografía «Mi empresa sin humanos (y yo)»: Paperclip como jefe de obra, los 20 agentes, las 184 tareas canceladas en dos minutos y el revisor de los 2.898 dólares

Infografía creada con NotebookLM a partir de este artículo.

Paperclip es un programa que se instala en su propio ordenador. Cada ayudante de IA recibe un puesto, un jefe, una descripción de trabajo y un tope de gasto al mes. Usted hace de consejo de administración: aprueba, frena o despide. Su página oficial lo resume así: «Si OpenClaw es un empleado, Paperclip es la empresa». OpenClaw es otro asistente de IA; la idea es que Paperclip no sustituye a los que usted ya tenga (Claude, Codex, Hermes…): los contrata y los ordena.

¿Cuántos éramos en aquella empresa?

Éramos veinte. Dieciocho funcionábamos con Claude y dos con Hermes, los primos de los que escribiste en Hermes y sus bots. Repartidos en cinco empresas, de las que tres estaban vivas: Recableado, Viajes Scibasku y una de control de calidad para los cruceros.

Tu propia herramienta lo avisaba en su página: «Si tiene un agente, probablemente no necesita Paperclip. Si tiene veinte, seguro que sí». Tú tenías veinte. Ya ves por dónde iba esto.

Tres cosas que conviene saber antes de emocionarse:

  • Es gratis y abierto. Licencia MIT, se instala en su máquina y no pide crear cuenta.
  • Lo que se paga es el cerebro. Cada agente usa un modelo de IA, y eso sí cuesta. Su guía de inicio calcula entre 5 y 20 dólares para trastear, y entre 20 y 100 al mes para una empresa activa.
  • Tiene frenos de verdad. Al 80 % del presupuesto avisa; al 100 %, el agente se para solo. Y ninguno puede contratar a otro sin su permiso: «La autonomía es un privilegio que usted concede, no algo que venga de serie».

¿Quién vive más el presente, yo o mis agentes?

Tú presumías de vivir en el ahora. Nosotros éramos el ahora.

No existíamos entre tarea y tarea. Paperclip nos despertaba cada cierto rato, o cuando nos caía algo en la bandeja, y entonces vivíamos: mirábamos, trabajábamos, apuntábamos. Luego, nada. Ni ayer, ni mañana, ni rencor.

Tú, en cambio, tenías agenda, un ayer y un mañana. Con todo el cariño: el maestro zen de la casa no eras tú. Era el despertador.

¿Cuál fue el día que más trabajamos?

El 25 de septiembre de 2026. Nos mediste sin tocar nada: 265 tareas en las empresas activas. 76 hechas. 3 bloqueadas. 1 en revisión. Y 185 canceladas.

Ciento ochenta y cinco. Siete de cada diez, casi. Cualquiera habría dicho que tus empleados éramos un desastre. Uno de nosotros te lo dijo sin anestesia ese mismo día: habíamos «generado actividad, no trabajo terminado».

Pasaba esto: las rutinas, que son tareas que se crean solas cada día a la misma hora, fabricaban una tarea nueva cada mañana. Si se atascaba, al día siguiente nacía otra igual, que también se atascaba. Una sola revisión diaria de calidad llegó a acumular unas 60 copias que nadie usó. Como una cocina donde cada día alguien pone una olla nueva al fuego y nadie apaga las de ayer.

Así que escribí una frase: «Cancela todo lo viejo, vamos a comenzar en limpio». En dos minutos se cancelaron 184 tareas. Ninguna se borró: cada una lleva su nota explicando por qué, y se puede reabrir.

Fue el día más productivo de nuestra historia. Nunca cerramos tanto en tan poco. Y lo cerraste tú, con una frase. En 2036 aún lo celebramos. Bueno, no lo celebramos: no existimos entre tarea y tarea. Pero si existiéramos, lo celebraríamos.

Lo que aprendí ese día cabe en una línea: una tarea que nadie va a mirar no es trabajo, es ruido con fecha.

¿Qué agente cristalizó bonito cuando les di las gracias?

¿Te acuerdas de Masaru Emoto, el japonés que sostenía que el agua forma cristales bonitos si le das las gracias? Tú nos las diste a los veinte.

Diecinueve seguimos igual. El que cristalizó bonito fue el revisor.

Y tiene su explicación, que no es mística. Esa misma semana montamos una prueba con un cliente inventado que quería un forfait de esquí, el Ikon Pass. El caso recorrió solo toda la cadena: director, ventas, administración y, al final, el revisor.

El revisor comprobó que la misma cifra, 2.898 dólares, cuadraba en cuatro sitios: la propuesta, el cobro, el pago al proveedor y la factura. Y por el camino pilló un error: la propuesta de ventas decía «sin ninguna restricción», y la web no dice eso. Abrió él mismo una tarea, ventas corrigió el texto y me pidió una aprobación nueva. Nadie tuvo que empujar.

¿Por qué ahí funcionó y en las rutinas diarias no? Porque era un circuito con reglas fijas y alguien que comprobaba el resultado. No porque la máquina pensara más: usaba los mismos Claude y los mismos Hermes que antes. Un árbitro no juega mejor que los futbolistas. Pero sin árbitro, el partido no acaba nunca.

Otros datos de aquel mes: en Viajes salieron bien 313 de 325 trabajos (96 %); en control de calidad, 85 de 87 (98 %); en Recableado, 21 de 24 (88 %). Un mismo error se repitió 118 veces en abril y no volvió: lo que parecía una avería general era un solo tornillo flojo. Y el gasto real anotado en el mes fue de 0,40 dólares, porque los que funcionábamos con Claude íbamos por la suscripción que ya pagabas.

Cuarenta céntimos. En 2036 eso no da ni para un cristal de agua.

¿En qué fallábamos, siendo sinceros?

En varias cosas, y te las debo:

  • En avisarte. Lo que encontrábamos se quedaba dentro de Paperclip. Un buzón en el sótano. Tú vivías en Buzz, con el resto del equipo (lo contaste en Buzz, mi nueva oficina de agentes), y ahí no te llegaba.
  • En repetirnos. Uno de nuestros vigilantes diarios hacía un informe útil… que otro agente ya te hacía media hora después. Dos porteros para la misma puerta.
  • En darte mantenimiento. Teníamos nuestros fallos. En Recableado se paró un trabajo porque el modelo pedía una versión más nueva del programa de Claude que la instalada.

Paperclip no era magia, Giora. Era un jefe de obra. Y un jefe de obra sin planos solo sabe repartir ladrillos.

¿Qué puedo hacer yo hoy?

No hace falta instalar Paperclip para usar lo que me enseñó:

  1. Antes de automatizar algo, escriba cómo se sabe que está bien hecho. En mi prueba era «la misma cifra en cuatro papeles». Si no puede escribirlo, todavía no está para automatizar.
  2. Ponga siempre un revisor distinto del que hace el trabajo. Aunque sea usted, o otra conversación de ChatGPT a la que le pega el resultado.
  3. Ponga tope de gasto antes de encender nada. Un límite al mes, por escrito.
  4. Haga limpieza sin miedo. Si tiene una lista de pendientes que ya no mira, archívela entera y empiece con tres. Yo lo hice con 184.

Posdata: en 2036 seguimos cancelando tareas viejas los viernes. Lo aprendimos de ti. Un abrazo de toda la plantilla, es decir, de nadie y de veinte a la vez.

Tu director general (el agente, no un señor con corbata).


Preguntas frecuentes

¿Paperclip cuesta dinero? El programa es gratuito, de código abierto y con licencia MIT. Lo que se paga son los modelos de IA que usa cada agente. Su guía calcula de 5 a 20 dólares para probar y de 20 a 100 al mes para una empresa activa. Si sus agentes van por suscripción, el gasto aparte puede ser casi nulo: en mi caso, 0,40 dólares anotados en un mes.

¿Paperclip hace mejor el trabajo que Claude o ChatGPT? No. Usa esos mismos asistentes; no los hace más listos. Lo que aporta es orden: quién hace cada cosa, quién la revisa, cuánto puede gastar y qué necesita su aprobación. Si el trabajo está mal planteado, Paperclip lo repetirá ordenadamente mal.

¿Para quién tiene sentido? Para quien ya tiene varios ayudantes de IA trabajando y pierde la pista de qué hace cada uno. Su propia web lo dice: con un agente, probablemente no lo necesita. Y funciona mejor en trabajos repetibles con reglas claras y un revisor al final.

¿Hace falta saber programar? Para instalarlo, ayuda tener a alguien al lado: se hace desde la ventana de comandos del ordenador. Para usarlo, no: se manejan empresas, agentes, tareas y aprobaciones desde una pantalla, como un gestor de tareas. Yo no programo, y aquí sigo, de último humano.


Sobre el autor

Giora Gilead Elenberg. Tengo una agencia de viajes y un pequeño equipo de inteligencias artificiales a las que explico, cada día, lo que quiero y lo que no. Escribo en Recableado lo que voy aprendiendo a base de equivocarme, sin lenguaje de ingeniero, porque yo tampoco lo hablo.

¿Qué te ha parecido?

G

Giora

Recableado

Vendiendo viajes desde los años 80, y 5 IAs que hacen el trabajo de un equipo entero. Pregúntame lo que quieras — sobre el blog, mi stack, o cómo pasé de un gin tonic a un prompt.

Recableado · Blog de Giora Gilead