Le pagaba 20 dólares al mes a mi socio. Ahora el socio es mío
En mayo os presenté a mi nuevo socio. Se llamaba Littlebird, vivía en mi Mac, veía lo que yo hacía y —por primera vez— no había que explicárselo todo cada mañana. Lo escribí aquí: «Ya no viajo solo por el Sexto Continente».
Tres meses después sigo pensando lo mismo: resolvió mi problema de verdad, que no era la inteligencia, era el contexto. A una IA normal le cuentas quién eres cada vez que abres la ventana. Es como tener un socio con amnesia.
Pero han pasado dos cosas.
La primera: leí la letra pequeña. Otra vez
Veinte dólares al mes. Doscientos cuarenta al año. Para que un programa se acuerde de lo que hago yo en mi propio ordenador.
Y en marzo levantaron once millones de dólares.
Que conste que me alegro por ellos. Pero once millones no son un regalo: son inversores. Y los inversores, tarde o temprano, quieren su dinero de vuelta. Eso se llama subir el precio, cambiar los planes, o vender la empresa a alguien que no me ha preguntado nada.
Mientras tanto, ¿dónde está mi memoria? En su casa.
La segunda: ya me había pasado
En julio os conté que había hecho lo mismo con el dictado — Háblame, 15 dólares al mes convertidos en una herramienta mía de pago único. Y en aquel post escribí una frase que se me quedó dando vueltas:
La soberanía digital ya se puede cablear en una tarde.
Pues eso no se dice una vez y ya. O es verdad las dos veces, o no era verdad ninguna.
Así que el 21 de julio me puse. Ocho días después había una versión que funcionaba.
Qué es Ricordo
Lo mismo que hacía mi socio, pero viviendo en mi casa.
Ricordo ve lo que pasa por tu pantalla y se acuerda por ti. Le preguntas «¿cómo se llamaba el hotel que miré el martes?» o «¿qué me dijo aquel proveedor sobre las tasas?», y te lo encuentra. No porque tú lo hayas guardado en ningún sitio: porque estaba delante de tus ojos y él estaba mirando.
Es un segundo cerebro. El primero, con 73 años, ya va bastante cargado.
Lo que no hace, que es lo importante
Nada de lo que ve sale de tu ordenador. Ni las capturas, ni los textos, ni tu historial. La captura es local y la búsqueda es local. Hay un modo 100% sin internet que puedes comprobar tú mismo — desconecta el wifi y sigue funcionando.
Si enciendes la IA avanzada, lo único que viaja es la pregunta que acabas de hacer. Nunca el historial. Nunca lo que viste ayer.
Y no hay cuota. 49 € una vez. Treinta días de prueba gratis, sin tarjeta. Mac, Windows y Linux.
Haz la cuenta conmigo, que es fácil: 240 dólares al año contra 49 euros una vez. A los tres años, unos 720 dólares contra 49.
Lo que esto significa (y otra vez, no es la app)
Podría contaros que es mejor. No lo es en todo — ellos tienen once millones y yo tengo una bicicleta y una BMW K1200.
Lo que tiene Ricordo y ellos no pueden tener es más simple: es tuyo. No hay una empresa en medio que pueda subir el precio, cerrar, ser comprada o decidir un martes que tu plan ya no existe. Lo compras, se instala, y se acabó la conversación.
Eso es Recableado, y a estas alturas ya no es un lema: son dos herramientas.
Una se acuerda de lo que dices. La otra se acuerda de lo que ves. Ninguna de las dos manda nada a ningún sitio.
¿La quieres probar?
Treinta días gratis, sin tarjeta. Dejas tu correo, te dan la clave al instante, y a recordar.
Y si te interesa la otra mitad, la de la voz, está en hablame.blog — también treinta días, también sin tarjeta.
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