Mi primer prompt tenía emojis. Y estaba orgulloso.
Agosto de 2025. Llevo 42 años vendiendo viajes. Tengo 72 años. Y acabo de descubrir que puedo pedirle cosas a una máquina.
Mi primer prompt decía así:
“Actúa como redactor experto en turismo de aventura y viajes de esquí de alto nivel. Escribe un texto principal dirigido a esquiadores de entre 25 y 65 años…”
Cuarenta y tres palabras antes de llegar al punto. Un párrafo de instrucciones que parecía un contrato de alquiler. Y el resultado — el glorioso resultado — empezaba con:
“¿Buscas el destino de esquí perfecto? 🏔️🎿 ¡Bienvenido a Scibasku!”
Emojis de montaña. Signos de exclamación. Palabras como “épicas” y “polvo blanco” usadas sin ironía.
Y yo estaba encantado.
Lo que no sabía que no sabía
Ese primer texto llamaba a mi agencia “experta en nieve y aventuras épicas”. Decía que nuestros viajes incluían “paz mental”. Tenía un emoji de avión. Terminaba con “la nieve te espera. Y nosotros, también.”
Era exactamente lo que escribe un señor de 72 años que acaba de descubrir que las máquinas pueden escribir: genérico, entusiasta, y con la profundidad de un charco en agosto.
El problema no era ChatGPT. El problema era yo.
Le pedí un texto para Whistler. Me dio un folleto de aeropuerto. Porque eso es lo que le pedí — un folleto de aeropuerto con emojis y un toque de humor.
El segundo intento
Unas semanas después, alguien me enseña que hay otra forma de hablar con la máquina. Estructura. Contexto. Ejemplos. XML tags que parecen código morse pero que la IA entiende como si fueran mapas.
El mismo destino. Whistler. Pero ahora el prompt tiene secciones. Tiene audiencia definida. Tiene examples entre etiquetas.
Y el resultado… seguía teniendo emojis. Pero al menos ahora tenía secciones que se parecían a algo que yo podría haber escrito.
Progreso. Lento. Como aprender a esquiar a los 30 en vez de a los 5 — puedes hacerlo, pero te caes más y te duele más.
Lo que cambió entre agosto y febrero
En agosto de 2025 le pedía a ChatGPT que escribiera textos de Whistler con emojis.
En febrero de 2026 acabo de terminar esto:
- Un comparador web de 10 circuitos de Japón con precios dinámicos que se calculan en yenes y se convierten a euros en tiempo real usando una API de tipo de cambio
- Una calculadora interactiva con 5 pasos, JR Pass de 3 duraciones, suplementos individuales y un botón de WhatsApp que genera el mensaje automáticamente con todos los datos del presupuesto
- Un chatbot con su propia API en Vercel que usa Claude como motor, tiene los 10 circuitos en memoria, sabe cuándo decir “eso pregúntaselo a Giora” y nunca muestra un yen ni una comisión
No sé programar. Sigo sin saber programar. Pero sé pedir. Y eso, en 2026, es casi lo mismo.
Los emojis que me avergüenzan
Hoy he abierto ese primer documento. Se llama “Agente_Scibasku” y sigue en mi Drive, fechado 20 de agosto de 2025. El perfil que creé para ChatGPT decía:
“Soy Giora Gilead Elenberg, director y propietario de Viajes Scibasku, una agencia especializada en viajes de esquí, buceo, lunas de miel y aventura premium.”
Hasta ahí bien. Luego:
“Mi prioridad es mantener el tono humano, cercano, con una pizca de humor y elegante.”
“Una pizca de humor.” Eso es como pedirle al cirujano “un poquito de anestesia”. La IA te da exactamente lo que pides — y lo que yo pedía era tibio.
Hoy mi chatbot de Japón tiene en su system prompt frases como: “Tu tono es el de alguien que HA ESTADO en cada destino que recomienda.” Y reglas como: “NUNCA mostrar yenes, márgenes, comisiones ni tipo de cambio.”
No “una pizca de humor”. Instrucciones exactas. Restricciones claras. Personalidad definida por lo que NO dice, no por lo que dice.
Del emoji a la API
Mi primer “agente” era un perfil de ChatGPT con emojis.
Mi agente de hoy es un archivo JavaScript de 6 KB que corre en un servidor de Vercel, recibe mensajes por HTTP, los pasa a Claude con un system prompt de 80 líneas, y devuelve respuestas que suenan como si las escribiera yo. Porque las instrucciones las escribí yo.
Entre uno y otro hay 6 meses. Y un blog. Y un curso. Y 400 conversaciones con Claude donde le pedí cosas imposibles y me devolvió cosas que no esperaba.
No fue un camino recto. Fue un camino de cables.
Lo que aprendí (por si tienes 72 años o 22)
Los emojis no son el problema. El problema es no saber qué pedir. Mi primer prompt no fracasó por los emojis — fracasó porque le pedí a una máquina que fuera yo sin darle ni una pista de quién soy.
La estructura mata a la inspiración. Y eso es bueno. Un prompt con secciones, restricciones y ejemplos produce mejores resultados que uno “creativo”. Siempre. La creatividad está en saber qué restricciones poner.
Aprender IA a los 72 no es más difícil. Es diferente. A los 22 no tienes miedo de romper cosas. A los 72 tienes 42 años de contexto que darle a la máquina. Adivina qué es más útil.
Tu primer prompt siempre será vergonzoso. Guárdalo. Lo necesitarás para el post del blog.
Sigue leyendo: Si estás empezando con IA, lee los 5 términos que me salvaron. Y si quieres la historia completa, cómo construí este blog con 72 años.
Posdata
Ese texto de Whistler con emojis sigue en mi Drive. No lo he borrado. A veces lo abro y sonrío.
No por nostalgia. Por distancia.
Es como mirar tu primera foto en esquís: piernas abiertas, bastones en cualquier parte, sonrisa de oreja a oreja. Horrible técnicamente. Perfecta emocionalmente.
Mis primeros prompts eran así. Horrible técnica. Mucha ilusión.
Hoy la técnica ha mejorado. La ilusión sigue igual.
Eso no se recablea. Eso viene de fábrica.
¿Qué te ha parecido?