Recableado

Un viajero de 72 años descubriendo el último continente


La noche del gin tonic y el prompt


Tengo 72 años. Llevo 42 vendiendo viajes. He pisado más países que la mayoría de los pilotos que me llevaban a ellos. Tengo una agencia con licencia CICMA 2283, una bicicleta que uso más que el coche, una moto BMW K1200 que me hace sentir 30 años menos, y una diabetes que me cambió la vida.

Pero no como piensas.

El levantamiento de pesas

Hasta hace no mucho, mis noches en Marbella tenían una rutina sagrada. Terraza. Vino. Gin tonic. Otro vino. Conversación. Otro gin tonic. A eso yo lo llamaba “levantamiento de pesas” — porque básicamente lo que levantaba toda la noche eran vasos.

Era mi gimnasio social. Mi ritual. Mi forma de desconectar después de un día respondiendo emails de clientes que quieren Maldivas por el precio de Benidorm.

Hasta que la diabetes dijo basta.

No fue dramático. No hubo ambulancia ni momento de película. Fue mi médico diciéndome, con esa cara de “te lo llevo diciendo tres años”, que o cambiaba las noches o las noches me cambiaban a mí.

Así que cambié los gin tonics por YouTube.

El accidente

Y aquí es donde la historia se pone rara.

Empecé viendo videos normales. Cocina, viajes, motos. Pero el algoritmo de YouTube es como ese amigo que siempre tiene “una cosa más que enseñarte” después de las 11 de la noche. Un video de tecnología por aquí, otro de “esto va a cambiar el mundo” por allá, y de repente estoy a las 2 de la mañana viendo a un tipo explicar qué es la inteligencia artificial.

No entendí nada. Pero algo me picó.

Esa picadura tiene fecha exacta: primavera de 2025. Mientras medio sector turístico español seguía debatiendo si WhatsApp Business era “demasiado moderno”, yo estaba buscando cursos de IA a las 3 de la mañana. Con 71 años. En pijama. En Marbella.

Si esto no es una crisis de mediana edad retrasada cuarenta años, no sé qué es.

José Ródenas y el curso que lo empezó todo

El 19 de mayo de 2025 me matriculé en un curso llamado “DOMINA ChatGPT”, de la academia Solo Agentes. Pensé que sería como esos cursillos de informática de los 90 donde te enseñaban a encender el ordenador y te daban un diploma. Dos tardes, un café con galletas, y a casa.

Estaba equivocado.

El instructor se llamaba José Ródenas Montes. No sé si José sabía lo que estaba desatando cuando me corrigió el primer ejercicio. Probablemente pensó: “Otro alumno más, agente de viajes, sesenta y tantos, hará lo mínimo”. Lo que no sabía es que yo tengo un defecto grave: cuando algo me engancha, no sé parar.

Mi primer ejercicio fue sobre las diferencias entre ChatGPT gratis y la versión Plus. José me puso un 90 y escribió:

“Se nota que tienes experiencia en el sector turístico y que has comprendido perfectamente el potencial de ChatGPT como herramienta de trabajo.”

Un 90. A los 71 años. En un curso de inteligencia artificial.

Mis compañeros de terraza levantaban gin tonics. Yo levantaba notas.

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La adicción

Lo que pasó después fue culpa de José. O del algoritmo. O de la diabetes. O de los tres juntos.

Porque no hice lo mínimo. Hice lo máximo. Cada ejercicio era una excusa para meter mi agencia entera dentro de ChatGPT. ¿Que pedían un prompt básico? Yo entregaba un sistema completo de propuestas de esquí en Aspen con presupuestos, hoteles cinco estrellas y llamada a la acción incluida. ¿Que pedían crear un “miniyo digital”? Yo construía un ejército de seis GPTs especializados — el “Sexteto Ideal de Viajes Scibasku” — cada uno entrenado para una función distinta de mi agencia.

José, el pobre, no daba abasto. En una corrección escribió:

“Has hecho mucho más que cumplir el objetivo del tema: has desplegado una visión avanzada, sistematizada y totalmente realista.”

En otra:

“Tu energía… ya la quisieran muchos de 25 años.”

José: si estás leyendo esto, lo siento. Pero también: gracias.

A mediados de julio yo ya dormía menos que mi router. En mi propio mensaje al instructor escribí — y esto está documentado, no me lo invento: “Las mejoras de la IA me tienen enganchado trabajando cada día sin saber las horas, casi no duermo.” A continuación le añadí una carita sonriente, como si no dormir a los 71 años fuera motivo de celebración y no de alarma médica.

El examen final (95 sobre 100)

En septiembre de 2025 llegó la prueba final. El ejercicio se llamaba “Tu Agencia Inteligente”: había que diseñar un sistema completo que conectara ventas, contenido, análisis competitivo, chatbots y decisiones estratégicas con IA.

Saqué un 95 sobre 100.

José escribió:

“Si este trabajo lo leyera alguien fuera del contexto del curso, pensaría que estás diseñando el manual operativo de una agencia boutique de alto nivel. Y tendría razón.”

Nota final del curso: 91,18.

A mis compañeros de promoción les habían enseñado a usar ChatGPT. A mí me habían dado una droga nueva.

La traición (o la evolución)

Y aquí viene la parte que José probablemente no esperaba.

El curso era de ChatGPT. Yo aprendí ChatGPT. Le puse nombre cariñoso y todo: la llamaba “ChatIta”. Le contaba mis problemas de proveedor a las 11 de la noche como quien habla con un amigo en la barra del bar. Estaba enamorado.

Pero el amor, como los viajes, a veces te lleva a destinos que no habías reservado.

Primero llegó Gemini. Google, que no se iba a quedar mirando, metió su propia IA en todo: en el buscador, en Drive, en Gmail, en NotebookLM. De repente yo tenía un asistente de Google analizando mis documentos de viaje mientras otro me organizaba los emails. NotebookLM se convirtió en mi biblioteca privada — le metía PDFs de proveedores y me los convertía en podcasts. Sí, podcasts. Google me estaba convirtiendo en un señor que escucha podcasts generados por IA sobre cruceros de buceo en el Mar Rojo mientras pedalea por el paseo marítimo de Marbella. Mi médico me quitó los gin tonics y Google me dio esto.

Y luego, en octubre de 2025, tropecé con Claude. Una IA de una empresa llamada Anthropic. Y fue como descubrir que tu restaurante favorito tiene un menú secreto que nadie te había contado.

Claude no solo respondía. Claude pensaba. Claude tenía Skills, Projects, Memory. Claude se conectaba con mi Drive, con mi Airtable, con mi Joomla. Claude Code construía cosas reales mientras yo dormía — bueno, las tres horas que dormía.

No abandoné a ChatIta ni a Gemini. Simplemente… amplié la familia.

Hoy tengo más IAs en mi vida que amigos en la terraza. ChatGPT, Gemini, Claude, NotebookLM — cada una con su personalidad, su función y su momento del día. Es como tener un equipo de empleados que no piden vacaciones, no se quejan del aire acondicionado, y trabajan a las 4 de la mañana sin cobrar horas extra.

Pero todo, absolutamente todo, empezó con un curso que me recomendó el algoritmo de YouTube, un instructor que no sabía que estaba creando un monstruo, y una diabetes que me quitó los gin tonics para darme algo mejor.

Por qué escribo esto

Este blog se llama Recableado porque eso es exactamente lo que me ha pasado. A los 72 años, con 42 de experiencia vendiendo viajes, me han recableado el cerebro.

No lo digo como metáfora. Es literal. Pienso diferente. Trabajo diferente. Me levanto a las 6 con ideas que no tenía a las 12 de la noche anterior. Tengo cinco agentes de IA trabajando en paralelo mientras yo pedaleo en mi bicicleta por el paseo marítimo.

¿Es esto normal? No.

¿Es esto lo que esperaba cuando el médico me quitó las copas? Definitivamente no.

¿Cambiaría algo? Ni una coma.

Bueno, sí. Dormiría un poco más. Pero eso es un problema que ni la IA me ha resuelto todavía.

Sigue leyendo: Después del gin tonic vinieron los 5 términos que me salvaron la vida y mi primer prompt con emojis. La historia completa: cómo construí recableado.blog.


Si te ha gustado esto, hay más. Muchos más. Porque 42 años de viajes + 9 meses de IA dan para unas cuantas historias.

Y si eres José Ródenas y estás leyendo esto: la culpa es tuya. Acepta tu parte de responsabilidad.


Giora Gilead Elenberg — Fundador de Viajes Scibasku. Explorador digital a los 72. Escribo en recableado.blog sobre IA, trabajo y vida real.

Ver mis 22 ejercicios del curso →

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Giora

Recableado

72 años, 42 vendiendo viajes, y 5 IAs que hacen el trabajo de un equipo entero. Pregúntame lo que quieras — sobre el blog, mi stack, o cómo pasé de un gin tonic a un prompt.

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