Recableado

Un viajero de 72 años descubriendo el último continente


Artefactos: Los mios tienen filo


O cómo bajé una pista negra en Zermatt pensando en presupuestos de viaje, y cómo un artefacto digital puede ser tan preciso como un esquí bien afilado.


La semana pasada esquié en Zermatt. Mejor que hace 30 años.

Lo repito porque ni yo me lo creo: tengo 72 años, la diabetes me obligó a dejar los gin tonics hace ocho meses, y resulta que esquío mejor que cuando tenía 42. Las piernas responden, los giros salen limpios, y el Cervino sigue ahí, inmutable, mirándote desde arriba como diciendo: “¿Ves? Yo tampoco he envejecido.”

Pero esta vez pasó algo diferente en la montaña. Algo que no me había pasado nunca en 40 años esquiando.

Lo que se me ocurrió en mitad de una pista roja

Estaba bajando una roja hacia Furi. Nieve perfecta, ese tipo de nieve compacta pero que cede justo lo necesario, como una buena conversación. Y de repente, entre giro y giro, mi cabeza se fue a otra parte.

No pensé en la cena. No pensé en si me dolían las rodillas. Pensé en presupuestos.

Concretamente, pensé: “El artefacto de Zermatt que le preparé al cliente la semana pasada tenía las fotos mal colocadas. Y el precio del forfait internacional era del año pasado.”

Y mientras mi cuerpo esquiaba en piloto automático (42 años de memoria muscular sirven para algo), mi cerebro estaba diseñando una propuesta de viaje. A 2.600 metros de altitud. A 50 kilómetros por hora. En una pista roja del Matterhorn.

Si esto no es estar recableado, no sé qué es.

Dos tipos de artefactos

En mi vida ahora conviven dos tipos de artefactos, y los dos necesitan estar bien afilados.

Los artefactos de esquí los conozco desde hace cuatro décadas. Unos Rossignol bien encerados, las fijaciones ajustadas al peso exacto, las botas que abrazan el pie sin cortarte la circulación. Cada pieza cumple una función. Si algo falla, te caes. Así de simple.

Los artefactos de Claude los descubrí hace ocho meses. Son documentos interactivos que Claude genera en tiempo real: propuestas de viaje con fotos, mapas, precios calculados automáticamente, diseño profesional. Le digo: “Prepárame una propuesta para 4 personas en Zermatt, 7 noches, febrero, vuelos desde Barcelona, apartamento en Täsch, forfait internacional.” Y en 3 minutos tengo un documento HTML tan elegante que parece hecho por una agencia de diseño de Madrid.

La diferencia es que antes tardaba 3 horas. Y no quedaba ni la mitad de bonito.

Cómo funciona (sin tecnicismos, lo prometo)

Imagina que le dictas una carta a alguien que tiene memoria perfecta, entiende de diseño, sabe de precios de hoteles, y nunca se queja de que son las 2 de la mañana.

Yo le digo a Claude:

“Tengo un cliente que quiere esquiar en Zermatt. 4 personas. Última semana de febrero. Buscan apartamento con cocina cerca de las pistas. Presupuesto medio-alto pero no quieren tirar el dinero. Les interesa el forfait internacional para cruzar a Cervinia un día.”

Claude me devuelve un artefacto — un documento interactivo que incluye:

  • Una introducción evocadora sobre Zermatt (el pueblo sin coches, el Cervino al fondo, la fondue a las 9 de la noche)
  • Dos o tres opciones de alojamiento con descripción
  • Tabla de forfaits con precios actualizados
  • Precio total por persona, con todo incluido
  • Mi logo, mi contacto, mi firma
  • Diseño oscuro con toques dorados. Elegante. Como el pueblo.

El cliente recibe eso y piensa que tengo un departamento de diseño. Spoiler: soy yo y un Mac a las 11 de la noche.

Lo que cambió de verdad

Antes de la IA, preparar una propuesta de Zermatt era así:

  1. Buscar vuelos en 3 aerolíneas. Comparar. Anotar. (45 min)
  2. Buscar alojamiento en 4 webs. Convertir de francos suizos a euros. (30 min)
  3. Calcular forfaits según días y tipo. (15 min)
  4. Abrir Word. Copiar. Pegar. Formatear mal. Reformatear. (45 min)
  5. Intentar que quede bonito. Fracasar. Conformarse. (30 min)
  6. Enviar al cliente rogando que no se fije en que la tabla está torcida.

Total: 2-3 horas. Resultado: mediocre.

Ahora:

  1. Le cuento a Claude lo que necesita el cliente. (2 min)
  2. Claude genera el artefacto. (3 min)
  3. Reviso, ajusto un par de cosas, le doy mi toque personal. (10 min)
  4. Envío al cliente una propuesta que parece sacada de una revista de viajes.

Total: 15 minutos. Resultado: profesional.

Y lo mejor: el artefacto es reutilizable. Cambio las fechas, cambio el nombre del cliente, actualizo precios, y tengo otra propuesta lista. Es una plantilla viva que se adapta cada vez.

El momento eureka (a 2.600 metros)

Lo que entendí bajando esa pista roja en Zermatt es que los artefactos — los de esquí y los digitales — comparten una filosofía:

La precisión importa. Un esquí mal afilado no gira. Un presupuesto con datos viejos no vende.

La herramienta no hace al maestro, pero ayuda mucho. Puedo esquiar con esquís de alquiler de hace 10 años, pero con unos buenos Rossignol soy otro. Puedo hacer presupuestos en Word, pero con Claude soy una agencia de uno que parece de diez.

La experiencia sigue siendo lo que cuenta. Claude puede generar una propuesta preciosa de Zermatt, pero no sabe que el restaurante Chez Vrony tiene la mejor rösti del valle y que hay que reservar con dos semanas de antelación. Eso lo sé yo. Porque he estado allí. Muchas veces.

Y esa combinación — 42 años de experiencia + 8 meses de IA — es imbatible. No hay agencia online que pueda competir con eso. Booking.com no ha esquiado el Matterhorn. Yo sí.

Para los del gremio

Si eres agente de viajes y todavía haces presupuestos en Word o peor, en un PDF genérico que te manda el touroperador, te estás dejando dinero sobre la mesa. Y lo que es peor: estás dejando que tus clientes piensen que eres igual que los otros 8.000 agentes del país.

No necesitas saber programar. No necesitas un equipo de diseño. Necesitas lo mismo que necesitas para esquiar bien: buenos artefactos, práctica, y ganas de bajar la pista aunque al principio te dé miedo.

Yo empecé hace 8 meses sin saber lo que era un “prompt”. Ahora genero propuestas que los clientes guardan como referencia. Algunos me han dicho: “Giora, nunca me habían presentado un viaje así.”

Y yo pienso: “Ya, a mí tampoco. Hasta que descubrí los otros artefactos.”

Sigue leyendo: Más sobre esquí y IA: organicé un viaje a Japón para 12 personas y la historia completa de cómo uso la IA: los cinco cerebros.

PD: Lo del forfait

Al final bajé la pista, llegué al restaurante, pedí una Rivella (que es lo que bebo ahora en vez de Glühwein, maldita diabetes), saqué el móvil, abrí Claude, y corregí el artefacto del cliente ahí mismo. Actualicé el precio del forfait internacional, moví una foto, y lo reenvié.

Desde una terraza en Zermatt. Con el Cervino de fondo. En 4 minutos.

Hace un año habría tardado una hora y media sentado en el despacho de Marbella.

A veces el progreso es así de ridículo.


Giora Gilead Elenberg — Fundador de Viajes Scibasku. Explorador digital a los 72. Escribo en recableado.blog sobre IA, trabajo y vida real.

¿Qué te ha parecido?

G

Giora

Recableado

72 años, 42 vendiendo viajes, y 5 IAs que hacen el trabajo de un equipo entero. Pregúntame lo que quieras — sobre el blog, mi stack, o cómo pasé de un gin tonic a un prompt.

Recableado · Blog de Giora Gilead