Recableado

Un viajero de 72 años descubriendo el último continente


Alquilo la inteligencia. Mi contexto no lo suelto


El otro día cambié de modelo de IA en mitad de un trabajo. De uno a otro, sin drama. Y mientras lo hacía me di cuenta de una cosa: lo único que no cambió fui yo. Mejor dicho, lo mío.

Infografía: alquila la inteligencia, posee tu contexto — el nuevo paradigma de la IA


Llevo desde 1982 vendiendo viajes. He visto cambiar muchas herramientas: el télex, el fax, el primer ordenador en la agencia, internet, el móvil. Cada una parecía la revolución. Pero todas tenían algo en común: eran cosas a las que ibas. Una máquina, una web, un programa. Entrabas, hacías lo tuyo, salías.

La inteligencia artificial empezó igual. Una web a la que entrabas a preguntar. Un chat que respondía con más o menos gracia. Yo lo usaba así al principio, como casi todo el mundo.

Eso se acabó. La IA ya no es un sitio al que entro. Está metida dentro de todo lo que ya uso para trabajar. En el correo, en la hoja de cálculo, en el sitio donde escribo, en el chat del equipo. No la voy a buscar. Está ahí, leyendo el contexto, proponiendo, ejecutando. Ha dejado de ser una herramienta que coges. Se ha vuelto infraestructura, como la luz o el agua.

Y cuando algo se vuelve infraestructura, la pregunta cambia.

La pregunta que importa ya no es cuál es el mejor

Todos los meses sale un modelo nuevo. Uno saca una generación más potente, otro responde a la semana siguiente, aparece un tercero que dice combinarlos todos. Es un espectáculo. Y es fácil perder la cabeza persiguiendo cuál es el mejor de este mes.

He aprendido a no jugar a ese juego. Porque el mejor de este mes no será el mejor del que viene. Y si te casas con uno, cuando cambie el viento te quedas vendido.

La pregunta de verdad es otra: ¿quién es el dueño de cómo trabajas?

No hablo de tus archivos sueltos. Hablo de lo que de verdad vale en un negocio de 42 años: que “esto ya lo probamos y no funcionó”, que “este cliente siempre quiere el presupuesto de esta manera”, que “los viernes hay una excepción”, que “este precio no se toca”, que “este viaje sale bien porque alguien lo revisa antes de mandarlo”. Eso no son documentos. Es la memoria de cómo funciona la casa.

Si toda esa memoria vive dentro de un proveedor —el que sea—, el día que quieras cambiar de IA descubres que no puedes. No porque el otro modelo sea peor, sino porque te has dejado el alma del negocio dentro de una caja que no es tuya.

La regla, en una frase

Yo me lo digo así, y es la regla de este blog:

Alquila la inteligencia. Pero posee tu contexto.

Usa el mejor modelo que haya este mes. Sin remordimientos. Es un caballo que enganchas hoy y cambias mañana. Pero tu memoria, tus procesos, tu manera de decidir, tus conversaciones importantes —todo eso— guárdalo en un sitio que controles tú.

En mi caso eso es muy concreto. Yo no programo, ya lo he contado. Yo pido. Pero lo que pido se guarda en mis máquinas, en mi cerebro de archivos, sincronizado, ordenado a mi manera. El modelo que lo lee puede ser uno hoy y otro dentro de tres meses. Lo que lee no se mueve. Es mío.

Por eso pude cambiar de IA en mitad de un trabajo sin que se cayera nada. El que entró nuevo encontró la casa montada, la memoria puesta, las reglas escritas. No tuvo que aprender quién soy desde cero. Se lo encontró hecho.

Lo que pagas sin verlo

Hay otra parte de esto que casi nadie mira, y que a mí, que llevo toda la vida echando cuentas, me llamó la atención.

La IA no vive en una nube abstracta. Vive en chips, en memoria, en centros de datos enormes, en energía, en cables. Y esos centros compiten por los mismos materiales que tu próximo ordenador o tu próximo móvil. Cuando la demanda de IA se dispara, ese coste no desaparece: aparece en el recibo. En el precio del aparato, en el precio de usar el servicio, en algún sitio.

O sea que esto que parece magia gratis se paga. Siempre se paga. Y conviene no olvidarlo cuando alguien te promete que todo será regalado para siempre.

Lo que yo haría

No voy a darte siete consejos. Te dejo solo uno, el que de verdad importa:

Empieza hoy a sacar tu contexto de las plataformas cerradas. Tus procesos, tus decisiones, tu manera de trabajar, escríbelos en un sitio tuyo. Aunque sea a mano. Aunque sea poco a poco.

La inteligencia la vas a poder cambiar siempre. Habrá una mejor el mes que viene, y la siguiente, y la siguiente.

El contexto, si lo pierdes, no vuelve.

¿Qué te ha parecido?

G

Giora

Recableado

72 años, 42 vendiendo viajes, y 5 IAs que hacen el trabajo de un equipo entero. Pregúntame lo que quieras — sobre el blog, mi stack, o cómo pasé de un gin tonic a un prompt.

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