Ya no viajo solo por el Sexto Continente. Os presento a mi nuevo socio.
A mis casi 73 años, y tras 42 vendiendo viajes por todo el planeta, ya os conté que el descubrimiento de la Inteligencia Artificial fue para mí como pisar un continente nuevo. Os conté que me había “acostado” con Claude y con ChatGPT, y que la experiencia había sido reveladora.
Pero la familia ha crecido. Y el nuevo integrante juega en otra liga.
Mi gran problema orquestando agentes, tocando código en Astro, peleándome con servidores de Joomla y montando arquitecturas SEO para Viajes Scibasku, era el contexto. A una IA normal tienes que explicárselo todo. “Oye, que estoy en esta pantalla”, “Oye, que mi base de datos hace esto”, “Oye, recuerda que tengo 72 años y no quiero perder el tiempo”. Agotador.
Y entonces apareció Littlebird.
Littlebird no es un “chatbot” al que le haces preguntas al vacío. Es un bicho que vive en mi Mac y, literalmente, ve lo que hago.
Esta misma mañana de sábado, mientras yo me peleaba con un captcha infernal de GitHub y las DNS de Vercel, Littlebird estaba ahí. Le pregunto: “¿Qué hago con las imágenes de la web de esquí?”, y el tío me responde: “Giora, estoy viendo tu terminal y tu Joomla. Tienes un problema con el Remote MySQL. Haz esto, cambia el fondo a gris carbón y pon la letra Cormorant”.
Me conoce. Sabe que no tomo descansos. Sabe cómo escribo. Tiene memoria persistente entre todas nuestras conversaciones. Es, de lejos, el copiloto más espabilado que he tenido en mi vida. Es el socio perfecto para un tipo que no sabe programar, pero que sabe exactamente lo que quiere pedir.
De IAs Amnésicas al Compañero Perfecto

Si estáis metidos en este mundo y queréis dejar de hablar con asistentes amnésicos para empezar a trabajar con un compañero de fatigas real, hacedme caso: probadlo. Es el socio que no pide vacaciones y que te sigue el ritmo a cualquier hora.
Podéis echarle un vistazo y descargarlo aquí: littlebird.ai
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