Recableado

Un viajero de 72 años descubriendo el último continente


El día que me cloné a mí mismo (y el clon escribía mejor que yo)


Julio de 2025. Marbella. 37 grados. Yo, en calzoncillos frente al ordenador a las 2 de la mañana, intentando enseñarle a una inteligencia artificial a hablar como yo.

Si alguien me hubiera descrito esta escena hace dos años, habría pensado que era el argumento de una película mala de Netflix. Pero no. Era mi vida. Y era un ejercicio del curso.

El encargo

El tema 5 del curso DOMINA ChatGPT se llamaba “Crea tu miniyo digital”. La idea era sencilla: entrenar a ChatGPT para que aprendiera tu estilo de escritura, tu tono, tu forma de pensar. Que dejara de hablar como un robot educado y empezara a hablar como tú.

Simple, ¿no?

No.

Porque para enseñarle a una IA a hablar como tú, primero tienes que saber cómo hablas tú. Y descubrir cómo hablas tú a los 71 años, después de 42 vendiendo viajes, es como abrir el cajón de los recuerdos: sale de todo.

La propuesta poética

Lo primero que hice fue buscar en mis archivos un texto antiguo para dárselo a ChatGPT como muestra de mi estilo. Encontré una propuesta de viaje que yo mismo califiqué como “una de las más poéticas y antiguas que tengo”. Era un texto largo, emocional, apasionado, lleno de imágenes sensoriales.

También era un desastre.

Sin estructura. Sin jerarquía. Sin llamada a la acción. Era como si alguien hubiera metido un folleto de viajes, un poema de Neruda y un email comercial en una batidora y le hubiera dado al botón de “pulsar”.

Pero era MÍO. Era mi voz. Mi forma de vender. La forma en la que yo le cuento a un cliente que las Dolomitas no son solo montañas — son una experiencia que te cambia.

Se lo di a ChatGPT. “Toma, aprende de esto.”

El clon habla

Lo que pasó después fue inquietante.

ChatGPT analizó mi texto, identificó mi tono (“profesional-aventurero”, lo llamó), mis ritmos, mis tics. Y me devolvió una versión mejorada que mantenía mi esencia pero con una estructura que — y me duele reconocerlo — era objetivamente mejor que la mía.

Organizada. Clara. Con subtítulos. Con llamada a la acción. Con versión para web, versión para Facebook, y hasta hashtags.

Mi miniyo digital había cogido mis 42 años de experiencia, los había pasado por un filtro de claridad, y me los había devuelto envueltos en papel de regalo.

José Ródenas, el instructor, escribió:

“Has construido una versión más eficaz de ti, sin perder tu esencia.”

Que es la forma elegante de decir: “Tu clon escribe mejor que tú, pero por lo menos sigue sonando a ti."

"Voy a mimártela”

La segunda parte del ejercicio era crear una guía de estilo para el miniyo. Definir cómo habla Giora. Qué expresiones usa. Qué tono tiene en un email versus un WhatsApp.

Y aquí es donde la cosa se puso divertida. Porque resulta que yo tengo “giros naturales” que ni yo sabía que tenía.

“Voy a mimártela.” Eso se lo digo a los clientes cuando les estoy preparando algo especial. No sé cuándo empecé a decirlo. Pero lo digo. Y ahora está escrito en el ADN de mi clon digital.

“Esto no va de esquiar. Va de vivir la montaña.” Mi frase para cuando un cliente me pregunta por qué debería ir a los Dolomitas en vez de a Sierra Nevada. No es que Sierra Nevada esté mal. Es que los Dolomitas son otra cosa. Y eso hay que decirlo con las palabras exactas.

José destacó estas frases como “giros que aportan color y autenticidad”. Yo las llamo “cosas que digo sin pensar después de 42 años”. Pero suena mejor lo de José.

La confesión de las 2 AM

En mi reflexión del ejercicio escribí algo que, leído ahora, me da un poco de vergüenza y un poco de orgullo:

“Las mejoras de la IA me tienen enganchado trabajando cada día sin saber las horas, casi no duermo :-)”

Y luego, por si no quedaba claro:

“No paro de hacerlo cada hora, cada minuto y cada segundo de cada día los últimos 60 días.”

Sesenta días. Sin parar. A los 71 años. En Marbella. En verano.

Mis amigos de la terraza levantaban cervezas a las 11 de la noche. Yo estaba en casa enseñándole a una IA a escribir “Voy a mimártela” con el tono correcto.

José respondió con diplomacia: “Tu energía… ya la quisieran muchos de 25 años.” Que probablemente era su forma de decir: “Giora, por favor, duerme.”

Lo que aprendí creándome un clon

Crear un miniyo digital me enseñó tres cosas:

Primera: Sé más de lo que creo. 42 años vendiendo viajes me han dado un estilo, un tono, una forma de conectar con la gente que ni yo sabía articular. Hacía falta que una IA me lo dijera para darme cuenta.

Segunda: Mi versión mejorada sigue siendo yo. El clon no me sustituye. Me amplifica. Es como esos espejos de hotel que tienen la parte de aumento: sigues siendo tú, pero ves los detalles que antes no veías.

Tercera: No dormir a los 71 años por estar jugando con tecnología es médicamente cuestionable pero vitalmente impagable.

El sexteto

Lo que no sabía entonces es que ese miniyo era solo el principio. Unas semanas después, en otro ejercicio, construí seis GPTs especializados — el “Sexteto Ideal de Viajes Scibasku” — cada uno entrenado para una función distinta de mi agencia: ventas de esquí, ventas de buceo, atención al cliente, contenido web, análisis de mercado y estrategia.

Seis versiones de mí. Cada una experta en lo suyo. Todas con mi tono. Todas diciendo “Voy a mimártela” cuando toca.

José ya no sabía qué ponerme en las correcciones. El pobre hombre corregía ejercicios de alumnos normales y luego le llegaba yo con un ejército de clones digitales a las 3 de la mañana.

Lo que no cuentan los cursos de IA

Los cursos de IA te enseñan prompts, técnicas, herramientas. Lo que no te cuentan es el momento exacto en que tu clon digital escribe algo y piensas: “Joder, eso es exactamente lo que yo habría dicho. Pero mejor.”

Ese momento es raro. Es un poco como verse en un vídeo y pensar que sales guapo — no debería pasar, pero cuando pasa, te cambia algo por dentro.

A mí me cambió la forma de trabajar. Porque si mi clon puede escribir la primera versión de una propuesta en 3 minutos manteniendo mi tono, yo puedo dedicar esos 42 años de experiencia a lo que realmente importa: saber que Chez Vrony tiene el mejor rösti de Zermatt, que el segundo turno de la Northern Explorer en Niseko sale a las 8:45, y que a la señora García le gusta la habitación con vistas al mar pero NO en planta baja porque le da cosa.

Eso no lo sabe ningún clon. Eso lo sé yo.

Y por eso el clon trabaja para mí, y no al revés.

Sigue leyendo: Después de clonarme, las cosas se complicaron: Claude me incluyó un criminal en un viaje y los clones evolucionaron en los cinco cerebros.

Si quieres ver los ejercicios que provocaron esta locura, están todos aquí — con las notas de José incluidas.

Ver mis 22 ejercicios del curso →


Giora Gilead Elenberg — Fundador de Viajes Scibasku. Explorador digital a los 72. Escribo en recableado.blog sobre IA, trabajo y vida real.

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Giora

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72 años, 42 vendiendo viajes, y 5 IAs que hacen el trabajo de un equipo entero. Pregúntame lo que quieras — sobre el blog, mi stack, o cómo pasé de un gin tonic a un prompt.

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